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Fotografias




Dejamos atrás el Monumento al nacimiento del río Tajo y nos dirigimos a ALBARRACIN. Apenas nos separaban 34 kilómetros por una carretera excelentemente asafaltada que sin embargo presentaba infinitas curvas a derecha e izquierda, algunas muy pero que muy cerradas. Continuas señalizaciones de zigzas y límites de velocidad de 30 a 50 kms/h nos llevó cerca de los 40 ó 50 minutos en cubrir el trayecto.
En un principio la idea era visitar esta localidad el domingo al regreso de Teruel a Madrid. Habíamos dejado unos cuantos metros atras el pueblo, cuando Amparo dentro de su sensated me dijo que porque no nos dábamos la vuelta y hacíamos una pequeña visita al pueblo. No me lo pense dos veces y en cuanto tuve la oportunidad de girar en sentido contrario lo hice, dirigiéndonos a unos de los aparcamientos habilitados al al efecto.
Después de dejar el coche aparcado y habiéndonos percatado a nuestro paso de la ubicación de la Oficina de Turismo nos dirigimos a la misma. Eran ya las siete y media de la tarde y pensamos que nos la encontraríamos cerrada. Ni mucho menos, una señorita perfectamente educada y amable nos esperaba, nos entregó un pequeño plano de la localidad, indicándonos por que calle podríamos subir al casco antiguo.
De repente nos encontrábamos aunque a una hora muy tardía, en uno de los pueblos mas bellos de España, declarado Monumento Nacional en 1961, Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 1996 y en la actualidad propuesto a la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
Para empezar, subimos por la calle Bernardo Zapater justo enfrente a la Oficina de Turismo cruzando la carretera. Una fuerte pendiente nos esperaba así como diversas casas con blasones en sus pórticos de entrada, hasta llegar a la bifurcación de las calles Azagra y Del Chorro. Optamos por seguir por la primera hasta llegar a la Plaza Mayor aproximadamente a las 20,00 horas cuando el sol ya declinaba en el horizonte, dejando su luz rojiza sobre las edificaciones y permitiéndome hacer unas cuantas fotografías con el colorido preferido para mi.
Plaza sobria, pequeña y con soportales, donde unas terrazas de bares existentes en la misma habían puesto las mesas para que los lugareños o visitantes pudieran llevarse algo al estómago. Lo realmente triste, no sé si por la crisis económica o por falta de público en esta é`pca del año, esas mesas estaban prácticamnete desiertas, no llegando a contar una docena de personas. A nosotros particularmente nos hubiera encantado sentarnos y beber algo, pero el tiempo cronológico nos lo impendía.
Desde la Plaza y después de hacer algunas fotografías en el Mirador existente, nos encaminmos por la calle Diputación en dirección a la Catedral encontrándonos con otro excelente mirador desde donde se contempla parte del casco antigüo y las antigüas murallas. Un auténtico respiro para los pulmones y las piernas. Unos metros mas adelante nos encontramos con el antigüo edificio del Palacio Episcopal con su preciosa portada barroca y la vista trasera de la cúpula de la Catedral. Desde este punto se me presentó una auténtica disyuntiva, subir unas escaleras que nos llevaría a la pequeña plaza de la Catedral o caminar unos 200 metros cuesta arriba. Amparo estaba empeñada en subir por las escaleras pero yo no estaba por la labor, prefería andar aun cuesta arriba antes que subir los peldaños.
La Catedral de El Salvador data del siglo XVI y su interior esta en pleno proceso de restauración dado que se han encontrado pinturas murales hasta ahora desparecidas, habiéndose restaurado hasta le fecha las del coro. Se trata de una construcción renacentista levantada sobre las ruinas de una mezquita musulmana. A su interior solo se puede acceder mediante una visitas guiadas en dias y horas determinados.
Una vez terminada esta corta visita, retornamos el camino de vuelta para llegar al coche y dirigirnos a Teruel capital apenas 40 kilómetros distante. Iba ya oscureciendo y llegamos al hotel reservado con anterioridad mas o menos a las 10 de la noche. Registro de entrada, subida del equipaje a la habitación y después de esto dirigirnos al centro de la ciudad para buscar un lugar y cenar algo.