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            El Viaje




La ciudad de Alta, situada al final del fiordo de Alta (Altaljord), es una ciudad desparramada de unos 17.500 habitantes. Se trata de la puerta de acceso que conduce a Cabo Norte y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985 por los restos de un asentamiento encontrado de principios de la Edad de Piedra, con más de 3.000 pétreos relieves que representan escenas de osos, renos, cazerís, barcos etc que se remontan a 4.000 a.C.
En nuestro acercamiento a Alta pasamos por el que se conoce como el mayor desfiladero del norte de Europa y por el que transcurre el río Altaeva. Seguramente debido al mal tiempo o acostumbrados a otros de mayor embergadura no supimos apreciarlo.
Una vez dentro de la ciudad nos encontramos con diversas indicaciones que llevan al Sentrum por lo entendimos que era supuestamente el centro de la ciudad, nos equivocamos, se trata de una zona comercial con una pequeña calle peatonal. En la misma se pueden encontrar diversos restaurantes de comida ápida, diversas tiendas, agencias de viaje, oficina de turismo y un chiringuito que vendía Chorizo Español,.
La visita a esta ciudad merece la pena dependiendo de la prisa que se tenga. En nuestro caso a la isa paramos en el puerto y de vuelta en el lugar citado anteriormente.
Continuando por la E-6 y tras de subir un pequeño puerto se llega a un páramo de una longitud aproximada de 90 kms., sin apenas circulación de vehículos y con una alambrada para evitar la salida de los renos a la carretera. La soledad y un cielo de color plomizo son nuestra compañía. Dejamos a nuestra derecha el desvío de Hammerfest y continuamos hacia Russenes por el fiordo de Porsangen. A los pocos kms. de este último pueblo nos encontramos con una pequeña playa y en la misma unas formaciones de piedras hechas por los turistas para seguir una vieja leyenda. La misma cuenta que las pirámides o figuras hechas con la piedras por el día, durante la noche se convierten en Trolls.
A pesar del frío que hacia comimos en este lugar que al llegar estaba abarrotado por autocaravanas de italianos y que al irse nos dejaron en un silencio total.
Después de este pequeño descanso para comer continuamos hacia nuestro destino la isla de Mageroya donde se encuentra el Cabo Norte. Después de pasar un túnel bastante largo y cutre llegamos al que une la isla con el continente. Se trata de una obra de ingeniería bastante importante, tiene una longitud de 6,8 kms. situándose el punto más bajo a 212 metros bajo el nivel del mar. Aconsejo que al atravesar el mismo se procure llevar las ventanillas cerradas para evitar el ensordecedor ruido de la ventilación.
Situados ya en la isla de Mageroya nos dirigimos al  Camping Nordkapp donde nos alojaríamos durante dos noches en un bungalow para cuatro personas. Enclavado a un lado de un pequeño lago y rodeado de montañas, es perfecto para unos agradables paseos aparte de distar apenas 20 kms. de la plataforma. El bungalow en perfecto estado de conservación y limpieza está compuesto por un dormitorio con una litera, otro con dos camas, salón, cocina y cuarto de baño con ducha y agua caliente. El precio por las dos noches ascendió a 241,20 Euros con cama de ropa y toallas. Un poco caro pero merece la pena. Si pensais alojaros en el mismo en temporada de junio a agosto os recomiendo que hagais la reserva con bastante anticipación, se paga una vez llegado allí.
Aunque aquella tarde amenzaba lluvia y se notaba un frio considerable, decidimos subir a la plataforma.
Después de una media hora que tardamos en recorrer los escasos 20 kms. que separan el camping de la entrada, nos enontramos en el lugar donde el primer turista fué el científico italiano llamado Francesco Negri que con ayuda de una mula puso sus pies en este sitio en el verano de 1664. Una vez pagada la entrada correspondiente (unos 49 euros la familiar), válida para 48 horas, dejamos el coche en una gran explanada que hace de aparcamiento. Apenas serúamos unos 5 vehiculos, 10 ó 12 autocaravanas y 6 autocares de ellos cuatro con matrícula española. Con lo primero que te topas antes de entrar al edificio es con un Monumento a Los Niños del Mundo. Obra de Simón Flem Devold que en junio de 1988 junto a siete niños de diversos lugares del mundo durante una semana que fueron su inspiración para esta obra. Cada moneda representa a uno de los niños. La obra se completa con la figura de una mujer de la mano de un niño.
Lo primero que se hace al entrar en el complejo turístico es atraversalo para contemplar sin duda alguna el síbolo más representativo de este lugar La escultura del Globo Terráqueo. Se trata de una visita de obligado cumplimiento haga frío o llueva. Es representativo de que te encuentras en el fin la de la Europa continental a 71º 10' 21" N, sobre una gran roca de 10 millones de años de antiguedad, a 307 metros sobre el nivel del mar y que después de aquí solo hay agua y luego el Polo Norte.
Dentro ya del complejo te encuentras con una tienda de souvenirs, una oficina de correos, alguna exposición y un restaurante (buffet) con ventanales acristalados para ver el sol de media noche. Por cierto el buffet tiene un precio razonable y se come bastante bien siempre que se pueda conseguir una mesa. Si se tiene la mala suerte de coincidir con algunas excursiones que llevan ya concertada la cena, se convierte en misión imposible el encontrar sitio. En la llamada cueva baja se puede contemplar diversas escenas históricas, una capilla ecuménica (bastante pequeña y hortera), un inmenso cafe-pub con cristaleras con terraza exterior y un supervidiograf de 180º donde proyectan un buen documental sobre el lugar.
Aunque por causas exclusivamente turísticas se ha dado en llamar al Cabo Norte el punto más septentrional de Europa, geográficamente no es así. El verdadero es un pequeño cabo llamado Knivskjelodden 71º 11' 08" N y apenas distante 2 kms. por mar del Cabo Norte. Para llegar a el mismo hay que tomar una pequeña senda señalizada de unos 8 kms. de ida y otros tantos de vuelta, que parte desde la misma carretera a unos dos kms. antes de llegar a la entrada del complejo turístico.
El 24 de agosto, la mañana apareció como el día anterior, es decir con unos negros nubarrones que a parte de cubrir las cimas de las montañas que nos rodeaban, presagiaban lluvia. Una verdadera amargura se apoderó de nosotros, no ibamos ni tan siquiera poder contemplar una puesta de sol desde la plataforma después de tantos kilómetros de coche.Lo de observar el sol de medianoche ya teníamos asumido que era imposible por las fechas en las que estábamos.
Estaba sentado en la terraza del bungalow observando el ir y venir de las gaviotas sobre mi cabeza y bastante cabreado pero al final la suerte se apiadó de nosotros. Al cabo de poco más de una hora las nubes se fueron retirando excepto de las cumbres y el sol relució con todo su esplendor en valle.
Después de desayunar cogimos el coche y partimos hacia Honningsvàg con objeto de efectuar una pequeñas compras en el supermercado.
Como quiera que soy bastante curioso y tozudo atravesamos este pueblo y continuamos hacia adelante. No sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, pero al salir de una curva apareció un pueblo precioso pesquero llamado Norvagen. Sus casas de madera pintadas de colores vivos como rojo, amarillo, marron y azul se reflejaban en las aguas de un mar en auténtica calma. Después de recorrer su calle principal nos tuvimos que dar la vuelta pues la carretera terminaba allí.
De vuelta a Honningsväg hicimos una pequeña visita al pueblo y compramos algo de comida en su supermecado.
La iglesia, una construcción del año 1884, es el edificio más antiguo del municipio. Se trató del alojamiento de los vecinos tras la segunda guerra mundial mientras que las casas se fueron reconstruyendo.
En su puerto atracan los cruceros que visitan los fiordos y llegan hasta Cabo Norte.
Desde Honningsväg nos dirigimos al pueblecito de Gjesvaer, donde según una revista que nos envió la oficina de turismo Noruega, existe un restaurante donde te recomiendan probar las delicias de mar y los frutos locales, pero de lo que no nos dimos cuenta es la temporada en la que está abierto es desde el 01 de junio al 15 de agosto. Nuestro gozo en un pozo.
Igualmente desde el puerto de este pueblo existe la posibilidad de hacer un pequeño crucero ornitológico de dos horas de duración a la isla de Gjesvaerstappan pero que tampoco pudimos hacerlo. Pero como dice el refran a falta de pan buenas son las tortas, así que nos tuvimos que conformar con la agradable visita a este pequeño pueblecito.
Menos mal que aún nos quedaban unas cuantas latas de albóndigas y comimos en el bungalow del camping.
Después de comer y de una pequeña siesta nos dirigimos al puerto pesquero más septentrional de Europa situado en el pequeño pero encantador pueblecito de Skarsväg situado a unos 10 kms. de la plataforma del Cabo Norte.
Apenas existen 15 casas de madera pintadas de rojo. Entre las mismas se encuentra la Casa de Navidad e Invierno, donde se pueden adquirir regalos navideños hechos a mano, degustar café con pasteles o ponche con pastelitos de pimienta. Está abierta durante todo el año pero únicamente hasta las 18,00 horas, por lo que tampoco la pudimos ver.
Al poco de salir de Skarsväg y en dirección a Cabo Norte nos encontramos una espesa niebla que me hizo sospechar que arriba existiría igualmente. Esta niebla desapareció a unos pocos kms. más arriba, dejando paso a un atardecer grandioso.
Un mar de nubes cubría las aguas del océano Ártico y en el horizonte un sol rojizo alumbraba con sus últimas luces la figura del globo terráqueo. Pero la experiencia más grandiosa estaba por llegar.
Atravesamos el complejo turístico y nos dirigimos a la explanada. Apenas seríamos una treintena de personas. El silencio era impresionante, nadie hablaba y sólo se miraba al horizonte. Si el momento de por sí era grandioso, de repente una coral de italianos comenzó a entonar una canción dedicada a la Virgen. Aquellas dulces y magnificas voces hicieron que se nos pusieran los pelos de punta y soltar a algunos unas lágrimas, a mi se me humedecieron los ojos, el momento resultó escalofriante. Sinceramente no tengo palabras para describirlo, hay que estar allí para sentirlo.
No hemos visto ni el sol de medianoche ni las auroras boreales, pero seguramente hemos asistido a un conjunto de luces y voces que pocas personas que han llegado hasta este lugar han experimentado. Después de esto y como ya era casi de noche decidimos bajar al camping no sin antes decir un HASTA SIEMPRE CABO NORTE O NORDKAPP.