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            El Viaje




Era el segundo día de estancia en Esposende y se nos presentaba el dilema de que poder visitar. La noche anterior y con un mapa en la mano nos dispusimos a señalar los diversos objetivos para los siguientes días. Realmente la distancia a cualquiera de ellos no era excesivamente larga, ya que rondaba apenas entre los 50 y 70 kilómetros.
El mañana aunque la temperatura no era mala, presentaba un cielo completamente amenazante de lluvia como así ocurrió después. A la vista de esto, nos decidimos por la visita a Vila Nova de Gaia apenas 60 kilómetros de Esposende y visitar alguna famosa bodega del vino de Oporto.
La llegada a Gaia fue por la A-1 atravesando el Puente da Arrabida, el último antes que el Río Duero desemboque en el Atlántico, para a continuación dirigirnos a la carretera que serpentea la ribera del mencionado río. Nos esperaba una via de doble dirección y bastante estrecha sin apenas poder parar el coche y sacar algunas fotografías de la Ribera de Oporto, es decir al lado contrario de donde nos encontrábamos. Por fin vi un pequeño lugar donde parar el coche y a pesar de la lluvia sacar algunas fotos. Para los amantes de la fotografía, el lugar es perecto para disfrutar y apretar el obturador sin parar.
Sin embargo y mientras yo disfrutaba, Amparo miró el reloj y se dió cuenta que eran ya cerca de las dos y media, teniamos que buscar como fuese un parking para dejar el coche y buscar un lugar para comer. Por fin y despues de varias vueltas, encontramos un parking de pago muy pró:ximo al restaurante DTONHO (actualmente cerrado según me han informado) y del el PUENTE DE LUIS I. Como siempre y es que no tenemos solución, llegamos con la hora pegada al culo, es decir cuando la cocina estaba a punto de cerrar y tan solo una mesa con cuatro hombres todos trajeados, estaban terminando de comer. No sé si nuestra cara de pena animó al camarero para servirnos aunque mirando el reloj continuamente, pero al final ¡comimos!.
Una vez concluido esto mas relajados, nos dimos un pequeño paseo por la ribera para contemplar unas pequeñas Embarcaciones que luego nos enteramos que se llaman RABELOS que en la actualidad sirven para dar paseos por el río y que antiguamente eran el medio de transporte de los toneles de vino. La lástima fue que la inclemencia metereológica nos impidio hacerlo.
En nuestra visita a este lugar, teníamos previsto la visita alguna de las varia bodegas existentes como Sandeman o Ramos Pinto, sin embargo optamos por ir a una de las más conocidas por nosotros a la hora de visitar tiendas de vino o simplemente supermercados, se trata de las Bodegas Ferreira.
Como comentario se ha de significar, las viñas que dan lugar a la elaboracióNn del Vino de Oporto se encuentran en el valle del alto Duero, aunque la fermetación y crianza se hace en esta localidad. El origen del vino conocido actualmente como denominación de origen de Oporto o Porto, viene dada por la escasez de vinos que sufrió Inglaterra como consecuencia de la guerra que mantuvo con Francia en 1678.
En aquel entonces Inglaterra acudió a los vinos de Portugal y de España (Sherry) para su abastecimiento, siendo en esos momentos cuando algunos comerciantes de Liverpool acudieron a una técnica empleada en el Monasterio de Lamego para que el vino no sufriera depreciación en su traslado hasta la isla. Esta técnica consistía en agregar brandy al vino durante la fermentación interrumpiendo de este modo la misma. Como consecuencia de ello, el vino tiene un mayor contenido en alcohol y una mayor proporción de azúcar al no terminar de fermentarse del todo.
La visita a la bodega es una más de cuantas se hallan podido realizar, es decir una somera explicación de como se recolecta, embarrica y se embotella. El precio fué cinco euros por persona con una Cata de dos clases de vino de Oporto, siendo los idiomas empleados el portugués, inglés y francés. En nuestro caso elegimos el primero que salvo lo hablen muy rapidamente mas o menos se puede entender.
El edificio de la bodega se encuentra ubicado en el lugar de un antiguo convento. Techos altos y sinuosos recovecos donde se envejeze el vino en barricas o en botellas nos esperaban. Mas o menos la visita dura unos tres cuartos de hora y aquel olor especial a aromas vinícolas nunca se nos olvidará.
Mi consejo particular es de no adquirir ninguna botella en su sala de ventas a la que quieras no quieras siempre te llevan, ya que el precio es mayor de lo que luego puedes adquirir en cualquier grande superficie. La diferencia comprobada por nosotros para una botella de un vino normal fué de dos a tres euros.
Una vez concluida esta visita nos dirigimos al parking donde habíamos dejado el coche e intentar hacer algunas fotografías al Piso inferior del puente Luis I y pasar por el a Oporto. Cuestión difícil fue el poder aparcar antes de adentrarnos en el puente, pero lo conseguimos gracias a un pequeño espacio existente en el que no molestariamos a la circulación.
Escasos diez minutos que nos facilitaron hacer algunas fotografías desde el Medio del puente a las riberas de Gaia y de Oporto desde el nivel inferior. La construcción de este puente me trajo a la memoria a la tan visitada Torre Eiffel de Paris pero en horizontal, no obstante fue diseñado por un antiguo discípulo belga de Gustavo Eiffel llamado Théodophile Sering. En su parte inferior que esta destinada al paso de vehículos su longitud es de 174 metros, mientras que la superior por donde circula el metro que une Oporto con Vila Nova de Gaia es de 392 metros. En ambos casos existen pasarelas laterales para los peatones.
Atravesamos este puente con el coche dirgiéndonos a nuestro primer contacto con Oporto, ciudad que no visitaba personalmente desde unos meses posteriores a la Revolución de los Claveles en 1974. Pusimos el GPS en funcionamiento para que nos devolvese a nuestro apartamento en Esposende y no se porque motivos nos llevó hasta la plaza donde se encuentra el edificio del Rectorado de la Universidad, construcción rectangular de estilo neoclásico diseñado por Carlos Amarante empezado a construir en 1807. Se encuentra en la PraÇa de Gomes Teixeira, también conocidad por la Plaza de los Leones por encontrarse alli una Gran Fuente de ocho metros de diámetro por seis de alto con esculturas de leones. Si la circulación en esta ciudad de por si es difícil, con lluvia es aun peor, pero tuvimos suerte y al final lo encontramos. Aunque el tiempo máximo de aparcamiento de pago en la calle es de dos horas, a nosotros nos bastaba con menos.
La verdad es que no se como tuvimos valor para bajarnos del vehiculo con la lluvia que caia, pero en el lateral de la plaza observé una construcción muy poco habitual. Se trataba de dos iglesias contiguas como si estuviesen unidas, cosa curiosa y que puede dar lugar a confusión creyendo que es una sola.
A nuestra izquierda nos encontramos con la Iglesia de los Carmelitas cuya cúpula en su exterior es en forma de bulbo recubierta con azulejos azules y blancos. Su construcción data de principios del siglo XVII y perteneció a la Orden de los Carmelitas Descaldos.
A la derecha y como he dicho anteriormente adosada se encuentra la Iglesia del Carmen que pertenece a la Tercera Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Su construcción data de entre 1756 y 1762 bajo el proyecto del arquitecto José Figueiredo Seixas. Lo más destacable y bonito de esta iglesia es la fachada lateral forrada con un Mural de azulejos azules y blancos efectuado en 1912 que representa la Imposición del Escapulario en el Monte Carmelo.
Apenas esta visita nos llevó mas de 15 minutos, la lluvia arreciaba y decidimos volver al coche y seguir el camino de vuelta al apartamento. Nos quedaban unos cuantos kilómetros por recorrer y queríamos llegar antes de anochecer. Una buena ducha con agua calentita pues estábamos empapados y muertos de frio, una ensalada con unos sandwiches mientras veíamos TVE internacional y después un hasta mañana.