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            El Viaje




Aquel día nos dirigimos a Reims a unos 76 kilómetros de Vic-Sur-Aisne y situada ya en la Región de Champaña-Ardenas, es decir fuera de La Picardie. La llegada a esta ciudad a pesar de ser bastante grande, no supuso ningún problema gracias al GPS que nos llevó al parking cubierto de la Plaza de Drouet d'Erlon. No nos dimos cuenta de la magnitud del lugar hasta que no salimos al exterior. Una palabra significa lo que vimos ¡IMPRESIONANTE!. De forma rectangular, en sus laterales se aglomera la mayor concentración de restaurantes, pubs, cine y locales comerciales de todo Reims. En su centro se encuentra la espectacular La fontaine Subé que se construyó entre 1904 y 1906, y en cuyo pedestal se ha tallado una alegoría de los cuatro ríos que cruzan la región, el Marne, el Aisne, el Vesle y la Suippe, coronando todo esto una impresionante Estatua brillante que parecía oro llamada GLORY, obra de Jean Barat en 1989 e inspirada en una pequeña talla de Paul Gatz.
A pocos metros de esta plaza divisamos una pequeña torre que resultó ser el campanario de la Iglesia de Santiago, la única parroquia de estilo mediaval que existe en Reims. Su construcción data del año 1190 aunque bastante restaurada en los siglos venideros. La cabecera lo fue completamente durante la época del renacimiento. El campanario de estilo gótico destruido por un huracan en 1711 fue reemplazado por uno de estilo barroco que a su vez fue destruido en 1918 y levantado nuevamente.
Las Vidrieras son de los pintores José Sima y María Helena Vieira da Silva desrrolladas en 1996 en el taller de Simón de Reims. Una visita que si se hace queda bien, pero que si se obvia tampoco pasa nada.
Después de esta visita y viendo la hora que era, aproximadamente las dos de la tarde, pensamos que lo mas conveniente sería el ir a comer, no porque tuviésemos apetito todavía, sino porque conociendo los horarios de Francia tanto para comer o cenar, se nos antojaba que quizás nos encontrásemos con la frase maldita "la cocina esta cerrada", como ya nos había sucedido en otras ocasiones.
Elegimos la Braserie"LE GAULOIS" al principio de la Plaza Drouet d'Erlon. Hacia una excelente temperatura y nos sentamos en la amplia terraza que posee. El servicio un poco lento pero bastante amable, aunque lo de la lentitud lo entendimos perfectamente pues había solo dos camareros para unas 50 mesas. Por supuesto y para no variar nuestra dieta cada que vamos a Francia, pedimos unas ensaladas y nuestros adorables mejillones al vino acompañados con patatas fritas con sus correspondientes jarras de cerveza.
Después de esto y tras una pequeña sobremesa, levantamos nuestros traseros de las cómodas sillas y nos dirigimos a ver la Catedral de Notre-Dame. Por el camino nos encontramos con dos edificios emblemáticos, El Gran Teatro y El Palacio de Justicia. El Gran Teatro es obra de Alphonse Gosset que se edificó entre los añós 1867-1873. Su interior fue enteramente destruido durante la primera guerra mundial y reconstruido después bajo el espíritu de l'Arte déco. Unos metros más adelante nos encontramos con el edificio del Palacio de Justicia. Construido en 1835 en el lugar del antiguo Hôtel-Dieu (residencia de Dios) donde se recibian a enfermos e indigentes. Su fachada principal es la característica de otras construcciones judiciales de Francia. Columnas, frontón, esculturas alegóricas de la Libertad y de La Justicia etc.
A escasa distancia ya en la Place du Parvis,tuvimos las ocasión por fin de contemplar la fachada principal de una de las catedrales más bonitas de Francia, como es la de Notre-Dame de Reims con sus dos imponentes torres de 81,50 metros de altura. En este lugar y sobre unas antiguas termas romanas, el Obispo San Nicasio en 401 puso la primera piedra de la primera catedral que se tiene constancia y donde fue bautizado el Rey Clodoveo por el entonces obispo San Remigio un 25 de diciembre entre los años 496 y 499. Desde entonces y a partir de Enrique I fueron muchos los reyes consagrados en esta catedral, siendo el último Carlos X en 1825.
Esta antigua catedral fue destruida por un incendio en 1210, por lo que el 6 de mayo de 1211 el Arzobispo de Reims Albéric de Humbert inicia la construcción de la catedral actual. Las obras duraron hasta 1275, aunque las dos torres fueron terminadas en el siglo XV. De su exterior cabe destacar la cantidad de estatuas o estatuillas que yo no las llegue a contar, pero que según algunos su cantidad puede estar cercana a las 2402 y de las que cabe destacar la del EL ÁNGEL SONRIENTE hasta el punto de ser considerado el emblema de la ciudad.
El interior esta compuesto de una Nave Principal y dos laterales. La primera tiene 138,75 metros de largo, 30 metros de ancho y 38 metros de altura. Un coro de doble pasillo, transeptos de 61 metros de largo y 30,70 metros de ancho y ábside con girola y Capillas Radiales.
Terminada esta visita continuamos al Palacio del Tau, justamente pegado a la catedral. Se trata del Palacio Arzobispal construido a finales del siglo XVII. En la actualidad acoje el museo y los tesoros de la catedral. Para entrar a este edificio era necesario pagar, por lo que siguiendo nuestra costumbre solo lo vimos por el exterior. Eso de pagar por ver los tesoros eclesiásticos nos llevan los demonios, aparte de que si ves uno generalmente has visto todos, pues su semejanza es absoluta.
Continuamos andando hastar llegar a la Plaza Real que por aquello de las casualidades también tenía en diversos edificios los famosos andamios, una verdadera lastra que nos costó arrastrar en este viaje. En el centro de la misma pudimos observar pese a la lluvia la estatua de Luis XV.
La climatología cambió de repente, lo que antes era un cielo con un sol espléndido se convirtió en nubarrones negros que desprendían una lluvia intermitente. Nuestra intención hubiese sido llegar hasta la llamada Puerta de Marte, única puerta de las existentes cuando la ciudad estaba amurallada, pero era prácticamente imposible porque nos hubiésemos calado hasta los huesos.
Habida cuenta de esto, solo nos quedo con ver desde fuera el Palacete Le Vergeur construído entre los siglos XIII y XVI, una de las 60 casas habitables que quedaron en pie despues de la primera guerra mundial y que a pesar de algunos destrozos pudo ser reconstruído y en la actualidad alberga un museo de pinturas y esculturas.
A unos metros de este Palacete, se encuentran las excavaciones de las ruinas romano-galas construídas en el año 200 d. de C., de las cuales durante nuestra visita apenas pudimos ver nada por encontrarse el recinto con vallas y algunos elementos tapados con lonas.
La lluvia arreciaba y no tuvimos otra que dirigirnos al aparcamiento, coger el coche y esperar a que nuetra próxima visita a la Basílica de Saint-Remi nos diese un poco de tregua y visitar sus exteriores un poco alejados del centro de la ciudad.
La historia cuenta como cuando el obispo San Remigio falleció en el año 533, su cuerpo fue sepultado en una pequeña capilla fuera de las murallas que rodeaban la ciudad y que muy pronto se convirtió en un lugar de pergrinación. Esta capilla fue sustituída por diversos templos hasta el año 1007 que se levantó el edificio actual y que no se terminó hasta el siglo XIX, con lo que los diversos estilos arquitectónicos se fueron sucediendo, lo cual significa que el estilo románico de un principio ha quedado totalmente borrado y del estilo gótico solo queda el ábside. Sus dimensiones para ser una construcción de este tipo son extraordinarias, con 128 metros de longitud y 28 de anchura. Los ingentes destrozos causados por la primera guerra mundial, obligaron a reconstruir gran parte del templo durando esto cerca de 40 años hasta que en 1958 se volvio abrir el culto. En el exterior y en un rincón del jardin que rodea el templo, se puede ver el grupo escultórico donde se refleja el acto el Bautizo del rey Clodoveo a manos de San Remigio. En fin un lugar muy recomendable para visitar aunque solo sea el exterior como nostros hicimos, ya que el interior estaba cerrado por encontrarnos fuera del horario de visitas.
La tarde decinaba y la lluvia arreciaba, por lo que decidimos poner punto y final a Reims y dirigirnos de nuevo al camping en Vic-sur-Aisne, donde llegamos justo para darnos una ducha, cenar algo, planear la excursión del día siguiente e irnos a la cama que falta nos hacía.