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            El Viaje




Partimos de Madrid a primera hora de la mañana con dirección a Orleans (Francia) de la que nos separaba 1.150 kiló:metros, es decir casi las doce horas contando con descansos y comida. La primera parada fue pasado Burgos ya en autopista en un área de servicio para tomar u café, para luego continuar y repostar de combustible en la última gasolinera antes de pasar frontera ya que la diferencia de precio es mas que notable con el pais vecino.
Como es habitual llevábamos consigo la comida ya cocinada la noche anterior para parar en el área de descanso habitual unos pocos kilómetros antes de Burdeos. El lugar en cuestión se llama Aire de Lugos, tratándose de una de las mejores de las muchísimas que existen en las autopistas francesas. Aconsejo esta porque aparte de la distancia desde Madrid, es bastante grande, está muy bien equipada y no suele haber mucha gente. Una pequeña cabezada y continuamos el viaje.
Llegamos a Orleans mediada la tarde y nos dirigimos por el GPS al hotel, por cierto reservado con un mes de antelación, después de registrarnos y dejar en la habitación la pequeña bolsa de viaje que empleamos para alojarnos en los hoteles de tránsito, una ducha y nos dirigimos al centro de la ciudad que se encontraba en torno a unos 4 kilómetros.
Cuando llegas a una ciudad desconocida como es este caso, aunque visitada anteriormente en una de las etapas del viaje al Cabo Norte, te encuentras totalmente desorientado. Con la ayuda del GPS nos dirigimos al centro de la ciudad cuando ya caía la tarde, aparcado el coche en la Rue Bannier, una de las calles que va a converger en la Place du Martroi y a escasos metros de la Catedral de Sainte-Croix. Nuestro primer objetivo era visitar este monumento eclesiástico y para eso nos situamos en la Rue Jeanne d’Arc , desde donde se puede observar el frontal impresionante de la Catedral, con sus dos torres monumentales en forma de cilindro.
Los reflejos dorados de la puesta de sol sobre los muros de este edificio, hacían que el conjunto resultase aún más hermoso, casi como un sueño del que despertamos cuando quisimos acceder al interior y nos encontramos con las puertas cerradas. Un tremendo equívoco por parte nuestra que olvidamos que en Francia casi todos los monumentos cierran a las 18,00 horas.
Ya era casi noche cerrada, y aunque era viernes y este día al igual que los sábado los restaurantes suelen retrasar la hora del cierre, no nos fiamos y nos dirigimos a la cercana Rue de Bourgogne, en otra época el famoso barrio chino y hoy epicentro del ambiente bohemio y estudiantil de la ciudad, con el fin de encontrar un restaurante para satisfacer nuestros vacíos estómagos. Despu6Eacute;és de saciar nuestro apetito con una ensalada con Foie y unos mejillones al vino balnco con sus correspondientes patatas fritas, ¡nos encantan!, no dirigimos al hotel para descansar después de una dura jornada.
Siguiendo el plan previsto nos levantamos bastante pronto al objeto de desayunar el buffet de el hotel incluido en el precio, recoger la pequeña bolsa de viaje y dirigirnos de nuevo al centro de Orleans, sobre todo para ver el interior de la Catedral y recorrer algo más de la ciudad que el día anterior nos fue imposible por la premura del tiempo y el cansancio acumulado. Dejamos el coche en el aparcamiento subterráneo de la Place du Martroi, epicentro de la ciudad, capital del Departamento del Loira y a su vez capital de la región centro de Francia. Una vez en la superficie nuestros ojos se quedaron absortos ante la magnitud de la mencionada plaza, quizás una de las más bellas y amplias que hemos visto en Francia. Aparte de los fabulosos Edificios de estilo neoclásico, en su centro la estatua ecuestre de Juana de Arco obra del escultor Foyatier , domina la misma. A este respecto hay que tener en cuenta que parte de la historia de Orleans y de Juana de Arco se encuentran muy unidas, ya que la misma fué la que capitaneó la sublevación de la ciudad contra los ingleses en 1429 durante la Guerra de los Cien Años. En este lugar se ejecutaban a los condenados y además sirvió como mercado de trigo
Después de permanecer sentados un buen tiempo para observar todo aquello que nos rodeaba y luego de dar una vuelta completa a la plaza, nos dirigimos por la Rue Jeanne d’Arc a la Plaza del General de Gaulle en cuyo número 3 se encuentra la Casa de Juana de Arco donde se alojó la misma durante su sublevación. La casa en si ha pasado por diversas vicisitudes. Hasta finales del siglo XIX conservó su estilo original de entramado de madera. Posteriormente la instalación de un convento de dominicas modificó en gran parte su estructura y en 1940 la destruyó un incendio. La casa que hoy se puede ver es una copia de la que aparecía en el año 1909 a escala reducida. Tal y como nos indicaron unos españoles que acababan de salir, su visita no merecía la pena.
De nuevo volvimos a la Rue Jeanne dÁrc y continuando por la misma hasta su final, nos encontramos otra vez con la Catedral Sainte-Croix pero esta vez a plena luz del día. El origen de esta catedral es del siglo VII destruída por un incendio en el año 989. La iglesia que la sustituyó de estilo románico sufrió en 1278 un derrumbe que afectó a gran parte del edificio. Un nuevo edificio se levantó haciendo falta m&s de dos siglos para su terminación. La tardanza vino provocada por las guerras de religión que existieron en esa época, hasta el punto de que en el año 1568 los Hurgonotes hicieron estallar los pilares del crucero, causando la destrucción del transepto. La reconstrucción que se empezó en abril de 1601, llegando como consecuencia de un edicto del rey Enrique IV por el que las obras serían llevadas a efecto mediante financiación del tesoro real.
Entre unas cosas y otras, después de haber conseguido al final ver el Interior de la Catedral, nos dieron las doce y media del mediodía. Aunque la distancia hasta Vic-sur-Aisne era de tan solo de 226 kilómetros, nuestra preocupación era la tardanza en cruzar Paris por su periférica. Cada vez que hemos tenido la mala fortuna de tener que pasar por ella nos ha llevado más de dos horas y en esta ocasión no fueron dos, fueron tres horas de auténtico martirio, y a todo eso sin perdernos como en alguna ocasión, porque si lo haces puede ser mortal de necesidad. Después de esto y aguantar el estrés, los otros 98 kilómetros hasta Vic-sur-Aisne y en concreto al Camping La Croix du Vieux Pont (nuestro destino), fue coser y cantar a pesar de circular por carreteras nacionales y provinciales tremendamente bien asfaltadas.