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            El Viaje




Aquella mañana seguimos el ritual diario, es decir madrugar tan poco mucho, ducha desayuno y partida. Una vez en el coche, pusimos el GPS con dirección a Compiégne apenas 30 kilómetros del camping en Vic-sur-Aisne, nuestra base de operaciones. La fatalidad hizo que el navegador tuviese un problema técnico y nos tuviésemos que conectar a internet para solucionarlo, cosa que nos retrasó cerca de dos horas.
Por fin el incidente se solucionó y llegamos a nuestro destino cerca de las 12 de la mañana. Aparcamos el coche en la plaza de la Iglesia de Santiago y empezamos la visita por la misma. La construcción de esta iglesia fué autorizada por el Papa Inocente III y su terreno fue donado por Blanca de Castilla, esposa de el rey Luis IX. Su construcción se comenzó por el coro y transepto en 1235. Convirtiéndose en uno de los puntos claves del Camino de Santiago en Francia. La portada principal data del siglo XVI, el tí:mpano de la misma representa la Resurrección. La torre data de entre los años 1456-1461 y tiene una altura de 49 metros, lo cual la hace visible desde una gran distancia. En el interior se pueden observar en los laterales de la Nave cerca de once capillas con sus correspondientes pinturas, retablos y Esculturas.
Después de esta visita que duró más o menos hora u hora y media, nos dirigimos a pie hacia el centro de la ciudad. Allí nos espera la espléndida Plaza del Ayuntamiento, en cuyo centro se encuentra la estatua de Juana de Arco, que fue hecha prisionera en esta ciudad por los borgoñones el 23 de mayo de 1430 y entregada a los ingleses.
La plaza alberga diversos edificios de los siglos XVII y XVIX, pero sobresale ante todo al frente de la misma la grandiosa edificación del Ayuntamiento. Construcción del siglo XVI levantada por Pierre Navier en estilo gótico flamígero y restaurada en el siglo XIX por Augusto Lallye Ayar bajo la dirección de Eugene Viollet-le-Duc. En su fachada se puede ver la Estatua ecuestre de Luis XII del siglo XIX y diversas figuras de la historia de la ciudad. El conjunto tiene además tres campanas que marcan el ritmo de la ciudad. Una de las cuales fue fundida en 1303 teniendo un diámetro de 1,35 metros, tratándose de una de las más antiguas que se conocen.
Después de pasar unas agradables horas en Compiègne y siendo hora de comer, antes de partir y en un pequeño supermercado nos procuramos pan para la comida y la cena para la vuelta al camping junto con el embutido correspondiente, acompañándonos como siempre de nuestra pequeña nevera portátil con unas cuantas cervezas y coca-cola's. Un ahorro importante para nuestra escasa economía.
Después de esto nos encaminamos hacia nuestro siguiente destino apenas unos 80 kilómetros llamado "GERBEROY" o el pueblo de los mil rosales, uno de los catalogados como los "mas bellos pueblos de Francia". Llegamos a eso de la cuatro de la tarde cuando los demás turistas abandonaban el pequeño pueblo. Todo un placer para recorrerlo sin prisas y aglomeraciones. La historia nos cuenta como el Rey Felipe Augusto en 1202 la otorgó el título de ciudad, por cierto testigo de numerosos asedios y agresiones hasta el siglo XV.
Lo que mas nos sorprendió en un principio fue el Aparcamiento situado a las afueras del pueblo. Generalmente se suele entender que se sitúa en una superficie asfaltada bien en exterior o interior de un espacio habilitado al respeto. Sin embargo aquí fue totalmente diferente, nos esperaba un espacio muy amplio sembrado de hierba. Algo comenzaba a ser especial. Tras dejar el coche en este aparcamiento, nos dirigimos por su calle principal al centro del pueblo. Según avanzábamos nos dábamos cuenta que nos encontrábamos en un lugar y en un siglo diferente. Casas construidas con barro, madera, ladrillo o piedra de los siglos XVII y XVIII acompañaban nuestro camino, con fachadas llenas de rosales que las hacían aún mas bellas.
Nuestro paso tranquilo para regocijarnos de esta maravilla, nos llevó primero a visitar a nuestra derecha la antigua Puerta de entrada al que fue el castillo, reconstruida en 1999. Unos metros mas adelante y a nuestra izquierda la Oficina de Turismo, que para nuestra suerte aún se encontraba abierta. En su interior nos encontramos con una señorita extremadamente agradable que nos facilitó alguna folleto informativo del lugar, explicándonos no sin esfuerzo por hablar algo de español, los productos que allí se vendían, casi todos ellos fabricados a base Rosas del lugar como colonias, jabones, cremas etc.
Continuamos nuestro apacible paseo hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento, edificio del siglo XVIII en cuya planta superior se encuentra el Museo de la Ciudad con numerosos objetos bastante antiguos y que merecen ser vistos. Una vez afuera, estuvimos sentados en unos de los bancos existentes observando la belleza de un árbol enorme con flores blancas que aún no hemos logrado averiguar su nombre. Apenas cuatro o cinco personas nos acompañaban, por lo que la tranquilidad era enorme.
A veces quisieras que el tiempo se detuviese, pero es algo imposible. Por desgracia tuvimos que abandonar aquella plaza y aventurarnos por una de las escasas calles que tiene este pueblo, hasta llegar a los restos de las antiguas murallas y desde alli observar que entre sus ruinas se encontraba el Jardin creado por el pintor Henri Le Sidaner que enamorado de Gerberoy pasó muchos veranos aquí, sirviéndose de estos lugares como musa para algunos de sus cuadros.
Bajando desde aqui por una pequeña calle, nos econtramos con la Colegiata de San Pedro. Construida en el 1015, quemada en 1419 y reconstruida entre 1451 y 1468. De su interior quiero destacar algo que me trajo al recuerdo algunas iglesias rurales de pasado en España, como son las Bancadas Cerradas. Bancos para sentarse y que solían estar reservados para la clase más pudiente del pueblo mediante donaciones a la iglesia correspondiente. Con todo esto serían ya las seis y media de la tarde y aun nos quedaba otra visita en este día.
Abandonamos Gerberoy hacia las seis de la tarde mas bien con pena, ya que fue uno de los lugares mas bonitos que habíamos visto hasta ahora en Francia. Apenas nos separaban 50 kilómetros de Clermont, nuestra próxima parada, para después continuar al camping. Nos costó aparcar, pero al fin lo hicimos en la plaza del Ayuntamiento que por cierto nos llamó poderosamente la atención por su fachada principal y la imponente altura de su torre. Data del siglo XIV, siendo en un principio la sede de la Asamblea Municipal, nombre que se le daba en la antigüedad a los antiguos ayuntamientos. Se cree que por el espesor de algunas de sus paredes que llegan a medir 2,7 metros, se tratase de la continuación de las antiguas murallas. En esta fachada podemos observar las Estatuas de San Luis rey y de sus hijos Roberto conde de Clermont y de Carlos IV el Bello. Fue clasificado como monumento histórico en 1875 después de su restauración.
Desde esta misma plaza del Ayuntamiento, pudimos divisar una parte de la majestuosa torre de la Iglesia Parroquial de Saint-Samson y por supuesto no pudimos por menos que encaminar nuestros pasos hasta la misma.
Su construcción data de entre finales del siglo XII y el primer cuarto del siglo XIII. Consagrada en 1327 por el entonces obispo de Beauvais Jean de Marigni. Durante la guerra de los cien años entre franceses e ingles, fue quemada y reconstruída en parte en 1495 en estilo gótico-flamígero consagrada de nuevo en 1506 por el obispo de Beauvais Lois Villiers de l'Isle Adam. La torre del Campanario datada a finales del siglo XIV, fue destruída por un rayo en 1785 y restaurada en 1812. Para terminar nuestra visita a Clermont, nos encaminamos a la Puerta Nointel adosada casi a la Iglesia Parroquial. Esta puerta fué construída a principios del siglo XIV formando parte de las primeras fotificaciones de la ciudad durante el mandato de Carlos IV el Hermoso, aunque reconstruida en el siglo XVI. En un principio exístia sobre la misma existían dos plantas y un puente levadizo desparecidos en el siglo XIX.
Una visita inesperada pero bastante interesante para otra de las ciudades casi desconocidas en la región de la Picardie.