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            El Viaje




Después de comer y de descansar un poco nos dispusimos a abandonar Concarneau y a eso de la media tarde nos dirigimos a visitar el Ponte du Raf y el Pointe du Van en Plogoff. Apenas eran 77 kms. Pero el GPS nos indicaba que íbamos a tardar alrededor de hora y media, es decir carreteras bastante complicadas.
Poco después de pasar por las afueras de Quimper, nos encontramos con un pequeño pueblo llamado Plugufan, lugar que al no ser por su bella iglesia pasaría desapercibido.
Dada mi admiración por las iglesias rurales y máxime si son de estilo gótico, no tuve por menos que aparcar el coche y admirarla una y otra vez. Puedo prometer y prometo que en aquellos momentos la soledad era absoluta, ocasión única para tomarme todo el tiempo del mundo y hacer las fotografías por el exterior, ya que el interior no se podía visitar por encontrarse la puerta cerrada. Intenté encontrar el cartel típico en el que pusiera donde me tenía que dirigir para pedir las llaves, pero en esta ocasión fue inútil. La verdad era que tenía que ser bastante bonita por dentro.
Abandonamos Pluguffan y nos encaminamos a unos de los más espectaculares puntos de la costa francesa, concretamente en Finisterre en el extremo occidental de la península de Cornuaille, lo que significa que es el punto más occidental de Francia y uno de los más visitados, el conocido Pointe du Raz
Situado en frente a la isla de Sein y en la mitad entre esta isla y tierra firme podemos observar uno de los faros mas conocidos de toda Francia como es el FARO DE VIELLE, fue el lugar elegido por muchos célebres escritores del siglo XIX por lo que se convirtió en punto de referencia para millones de turistas, provocando un grandioso daño en su medio ambiente. Gracias al gobierno francés en su plan de recuperación del sitio, se logró derruir las construcciones existentes y reparar los daños producidos por la vegetación.
En la actualidad se trata de un paraje especialmente protegido en el que hay que guardar una serie de normas impuestas para no destruir el medio. Un gran aparcamiento y una serie de tiendas y restaurantes nos esperaban a nuestra llegada, aunque por la temporada que era estaban casi vacíos.
Siguiendo las indicaciones existentes por el camino se llega en unos veinte minutos a la plataforma en sí. Las olas rompiendo contra los acantilados, un enorme faro y el monumento a Notre Dame de Naufragés te invitan a sentarte sobre las rocas y contemplar tan grande majestuosidad.
Después de una horas contemplando aquella belleza natural, nos encaminamos a visitar el Pointe du Van que se podía observar a una pequeña distancia, sin embargo en ocasiones la vista engaña ya que tardamos más de media hora en llegar al mismo. Carretera estrecha y serpenteante que ocasionó que esta visita se produjese casi al anochecer.
A la entrada de este entorno natural, nos esperan varios peque&ntilede;os parkings en el que apenas se encontraban aparcadas dos o tres caravanas y un silencio sepulcral. Despueacute;s de algunos minutos de caminar por un sendero indicado, nos encontramos con la pequeña iglesia dedicada a Saint-They y una fuente bastante particular dedicada a San Mateo.
Nos hubiese aptecido pasar mas tiempo en este lugar, a mis gusto mas pintoresco y virgen que el anterior Pointe du Raz. Retrocediendo hacia donde habímos dejado el coche y volviendo la vista atrás, pudimos visionar una de las estampas más bonitas de un anochecer con la iglesia de fondo que me invitó a recordar alguna que otra película de terror en el clásico acantilado.
Después de una tarde bastante bien aprovechada, nos esperaba algunos kilómetros para llegar al camping