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            El Viaje




Después de pasar unas cuantas veces por sus inmediaciones, por fin íbamos a ver la GRAN DUNA DE PILAT o PYLA, la más alta del continente europeo con sus 107 metros.
El volumen de arena finísima almacenado en la misma, es de más de sesenta millones de metros cúbicos, ocupando una extensión de ochenta y siete hectáreas, casi tres kilómetros de costa y quinientos de bosque en el llamado Parque Natural de las Landas de Gascuña.
Habíamos salido de Madrid a una hora bastante temprana y llegamos casi caída la tarde con tan sólo dos o tres coches situados en el parking existente, es decir soledad casi absoluta. Después de caminar alrededor de quinientos metros desde donde dejamos el vehículo, por fin nos encontramos con la base de la duna con la esperanza de encontrar unas escaleras de madera que nos conducirían hasta la cima.
Pasamos más diez minutos tratando de localizar aquellas escaleras sin conseguir verlas, por suerte para nosotros, aparecieron una pareja de jóvenes franceses que nos indicaron que sólo las ponían en la época de mayor concentración turística, es decir en verano.
Visto lo visto, no nos quedó más remedio que hacer la subida por uno de los laterales no sin gran esfuerzo pues en muchas ocasiones se nos hundían las piernas en la fina arena hasta la rodilla. Una vez en la cima las vistas eran espectaculares con una cresta impresionantemente grande en cuanto a longitud se refiere y la luz cálida que desprende el sol en su ocaso, lograba que el color de la arena fuese aún más amarillento. Todo un espectáculo que nos mantuvo allí hasta la puesta del astro rey.
Bajada más complicada que la subida, una pequeña parada para quitarnos la cantidad ingente de arena del interior de las zapatillas y derechos al hotel para cenar y descansar después de un día agotador.
A la mañana siguiente después de desayunar en el buffet del hotel, partimos hacia nuestro destino en Arzano (Bretaña), no sin antes visitar aunque fuera muy rápidamente Arcachon.
Plagado de impresionantes villas victorianas del siglo XIX, construídas por las entonces ricas familias de los dueños de las bodegas más famosas de la cercana Burdeos, cuenta tan sólo con 160 años de antigüedad como ciudad, como así consta en el certificado de nacimiento de la misma, firmado por Napoleón III en mayo de 1857 y que hasta entonces era un simple poblado de pescadores y campesinos que habitaban humilde chozas o casas de madera.
En la actualidad, un pequeño paseo por esta ciudad, te sumerge en aquellos años de esplendor con grandes mansiones testigos de impresionantes fiestas veraniegas y que si logras averiguar el precio de alguna de ellas en venta te puede dar un mal.
Pasear por la playa o el paseo marítimo, me trajo el recuerdo del glamour de dos preciosas ciudades españolas como Santander o San Sebastian. Féminas ataviadas con vestidos largos de color pastel y sombrillas a juego, acompañadas de caballeros de riguroso blanco, de pelo y bigotes engominados, sombreros de paja y la cartera repleta de billetes aunque esto último muchas veces se les olvidara y no tuviesen para comer al día siguiente. Pero el caso era aparentar.
Por supuesto que para despedirnos de Arcachon, no podíamos irnos sin visitar la Basílica de Nuestra Señora de Arcachon y la Capilla de los Marinos construída con anterioridad a la basílica.
La primitiva capilla fue levantada por un ermitaño italiano llamado Fray Tomás Llirico que desde 1516 a 1522, se dedicó en Francia a realizar diversos viajes predicando la fe cristiana y que finalmente se retiró a los bosques de Arcachon. Encontrándose un día meditando a orillas del mar, observó a dos pequeñas naves a la deriva en medio de una gran tormenta. Poniéndose de rodillas en la arena y haciendo en la misma la señal de la cruz, pidió a Dios que salvase a aquellos marineros. Sus ruegos fueron escuchados, la tormenta se calmo y los dos navíos pudieron hacerse de nuevo a la mar.
Bendiciendo la gracia otorgada, vio como el oleaje dejaba a sus pies una imagen de la Virgen que colocó en una pequeña capilla de madera hecha por el mismo en aquel lugar. Una réplica de esta misma imagen es la que se puede ver en la actualidad.
Esta primitiva capilla fue destruída por una tormenta el 16 de enero de 1624. Reconstruída en 1721 fue sepultada por la arena. Levantada de nuevo en 1722 fue restaurada en 1973 y objeto de un incendio el 8 de enero de 1986. De nuevo reconstruída fue inaugurada el 25 de marzo de 1987.
De sus paredes penden multitud de placas de marinos que alguna vez se han salvado de la violencia de mar, agradeciendo tal favor a la Virgen.
Adosada a esta capilla, se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de Arcachon, construída entre 1856 y 1861 en estilo gótico. De tres naves con una longitud de 45 metros y un campanario de 45, se encuentra perfectamente restaurada y constituye una inevitable visita dentro la ciudad.