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            El Viaje




Esta vez mi tozudez y ganas de ver algo nuevo, me llevó a Chamonix por una de las que quizás constituya una de las rutas más bellas de los Alpes.
Partimos de Les Arcs a una hora muy temprana para dirigirnos a Bourg-St-Maurice y desde allí coger la carretera D-902 que nos conduciría hasta el Col de Roselend. La mañana se presentaba con grandes nubarrones que hacían presagiar lluvia.
No habíamos avanzado unos kilómetros cuando apareció, fina y constante hizo que sobre nuestras cabezas apareciese el arco iris dejando a nuestra derecha un precioso valle denominado valle de los glaciares con un espacio dedicado a la acampada libre.
Poco a poco íbamos ascendiendo hasta llegar a la cima del Col de Roselend, desde donde una suave bajada vislumbramos la Presa de Roselend y la Iglesia levantada a sus orillas, como réplica de la existente en el pueblo que sumergieron sus aguas.
Desde allí el descenso es impresionante, pero sin ningún resquicio para poder rpara y sacar una fotografía por lo que continuamos hasta Hauteluce donde según el GPS tendríamos que desvianos a la izquierda. Mi cabezonería me hizo no hacerle caso y seguir hacia el Col du Joly. La ascensió menos mal que fué bastante suave y con unas vistas impresionantes hasta llegar a la cima con sus 1.989 metros de altitud.
Desde este punto comprobé que el seguir con el coche hasta Chamonix era menos que imposible, sin embargo esta tozudez nos hizo contemplar una de las más bellas vistas del macizo del Mont-Blanc.
La conclusión es que a pesar de que tuvimos que deshacer el camino recorrido hasta Hauteluce, esta vez la equivocación valió la pena.
Desde Hauteluce, una carretera sinuosa pero muy bien asfaltada y señalizada nos llevó hasta Chamonix.