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            El Viaje




Pequeña pero gratificante experiencia de nuesta visita de apenas una hora a esta ciudad alpina.
El valle donde está situada aparece en 1091 cuando el conde de Ginebra concedió estos terrenos a la orden benedictina de San Michel de la Cluse que estableció su convento en este lugar.
Posteriormente y ya en el año 1786, los habitantes compraron su libertad.
Más adelante y ya en el siglo XIX por el abundante crecimiento del turismo, se reguló el acceso a las montañas colindantes por la formación de la Compañía de Guias de Chamonix en 1821, monopolio que fué: roto por el gobierno francés en 1892 que obligaba a la obtención de un título oficial para ser guía.
En el año 1916 y bajo presión de sus habitantes se pasó a denominar Chamonix-Mont Blanc, nombre bastante más atractivo para atraer a los futuros visitantes, reforzada con ser sede de los Juegos Olímpicos de Invierno en 1924 con lo que pasó a ser reconocida mundialmente.
Nuestra pequeña visita de apenas dos horas, comenzó en la Plaza de la Iglesia donde se encuentra el Ayuntamiento, para continuar hacia la zona peatonal de la Plaza de Balmat donde se encuentra el monumento a Horace Benedict Saussure (presumiblemente fundador del alpinismo) junto a su guIacute;a Jacques Balmat. Al fondo de la misma plaza y en obras de remoledación se encuentra el casino y el canal del río Arve que atraviesa la ciudad.
Continuando por la calle peatonal, diversas tiendas y restaurantes típicos se van compaginando rincón a rincón entre los hoteles más típicos de la zona.
Como ya he indicado antes, la visita fué de una brevedad increible pues nos esperaba el retorno a Les Arcs, esta vez por Albertville y tomarnos un respiro en la Villa Mediaval de Conflans.