Compartir Facebook

            El Viaje




Martes 13 de julio de 2011 cinco y media de la madrugada y todo ya metido en el coche, parece mentira pues casi siempre mi padre dice de salir a una hora y casi siempre partimos una hora después. Entre mi madre y yo le traemos a maltraer con eso de la puntualidad.
Había hecho dos meses escasos desde que me dieron el carnet de conducir y aunque ya me habían dejado el coche familiar por Madrid y autovías circulantes, este iba a ser mi bautizo de fuego realmente, una experiencia que no olvidaré como ya contaré mas adelante.
La noche anterior habíamos quedado que mi padre conduciría hasta Zaragoza y yo desde allí hasta la frontera en la Junquera y de nuevo el hasta Montpellier. Esto no sucedió ni por asomo, pues nada mas subirme al coche en el asiento trasero me quedé tan profundamente dormido que no desperté hasta el área; de servicio de Lérida, ni tan siquiera me enteré de cuando paramos a tomar café cerca de Zaragoza. Había tenido tantas pesadillas durante la noche con eso de conducir, que estaba verdaderamente extenuado.
Y por fin llego la hora de ponerme al volante sabiendo que me esperaban muchos kilómetros por delante y sobre todo el paso por la A7 en la zona de Barcelona, que en viajes anteriores ya había observado como la circulación se volvía densa y mas de un accidente habíamos visto. Sin embargo aquel día fue todo rodado, este punto que para mí me iba a suponer un calvario, se convirtió en unos kilómetros mas, la circulación era totalmente fluida y sin ningún atasco. Visto lo cual optamos que siguiera hasta la frontera y que la pasase yo, cosa que me entusiasmo enormemente pues iba a ser la primera que pasase conduciendo. Sin embargo todo no iba a ser de color de rosa, de Girona adelante, me tuve que chupar muchos kilómetros de obras con desvíos continuos y tramos de doble sentido con una ingente cantidad de camiones que no me atrevía a adelantar.
Paramos a comer ya muy cerca de Narbonne en una clásica área de descanso francesa con los típicos filetes empanados y la tortilla que la noche anterior se había preparado, siendo este un ritual inseparable en todos nuestros viajes ya que el ahorro de los euros es muy importante y en esto se te pueden ir muchos si paras a comer en un restaurante o en un área de servicio francesa, aparte de que nos sobra para la comida del día siguiente y esto puede suponer unos 50 ó 60 euros que van para el bolsillo o que te sirven para pagar las autopistas. El pan lo compras para ese día antes de cruzar la frontera y las bebidas vienen desde Madrid en una nevera portátil al igual que la fruta.
Este descanso aunque ya habíamos parado antes, me vino fenomenal pues tenía ya las piernas entumecidas. Como se notaba la falta de experiencia al volante y los nervios pasados.
Cambio de conductor y por fin llegada a Montpellier alrededor de las cuatro y media de la tarde. Dejamos el equipaje preparado a tal efecto en el NOVOTEL MONTPELLIER y nos dirigimos de nuevo con el coche al centro de la ciudad.
Por fortuna y no como la vez anterior, llegamos a una hora en la que todavía se encontraba abierta la Oficina de Turismo donde nos dieron amablemente un pequeño mapa con las indicaciones para visitar lo mas importante de la ciudad.
Partimos de la plaza mencionada para dirigirnos por la Rue de la Loge pasando por la Place des Martys de la Résistence donde se encuentra el magnífico edifico de la PREFECTURE y continuar por la Rue de Foch desde donde ya se divisa el ARCO DEL TRIUNFO, construido por el Administrador del Rey en el siglo XVII a imitación de las puertas parisienses en honor de Luis XIV. Se levantó en el mismo lugar de una de las puertas de la antigua muralla.
Poco antes de llegar al mencionado arco y a la izquierda, podemos observar el espléndido edificio del PALACIO DE JUSTICIA. Levantado en estilo neoclásico en 1853, ocupa el lugar del Castillo de los Guilhem.
Situada enfrente al Arco del Triunfo, nos encontramos con la PLACE ROYALE DE PEYROU en cuyo centro se encuentra la ESTATUA ESCUESTRE DE LUIS XIV.
Al fondo de la mencionada plaza y destacando contra el cielo, nos encontramos con el CHÁTEAU d’EAU o antiguo depósito de agua de la ciudad construido en el siglo XVIII.
A los pies del este depósito, se encuentra el AQUEDUC SAINT-CLÉMENT construido en 1754 por el ingeniero Henri Pitot inspirándose en el existente Pont du Gard. Mediante este acueducto se permitió llevar a la ciudad el agua potable de los manantiales existentes en la ciudad de Saint-Clément.
Volvemos por nuestros pasos y tomamos el Boulevard Henri IV hasta llegar por nuestra derecha a la Rue de l’Ecole de Médecine para encontrarnos con la bella fachada de la FACULTAD DE MEDICINA.
Guilhem VIII en 1180 mediante un decreto en el que se estipulaba que cualquier persona, sin tener en cuenta su religión o sus orígenes, tenía derecho a enseñar la medicina en Montpellier. La facultad nació a finales del siglo XIII y esta considerada como la facultad de medicina más antigua del mundo occidental todavía con actividad.
Adyacente a la facultad nos encontramos con una de las Catedrales con la construcción mas original que haya podido hasta ahora observar. Se trata de la CATHÉDRALE DE SAINT-PIERRE.
En 1364, el Papa Urbano V a la sazón antiguo estudiante de Montpellier, hizo construir en 1364 un monasterio y su iglesia que fue transformada en catedral en 1536. De estilo gótico meridional, su silueta e imponente porche sostenido por dos pilares circulares, te causan el efecto de encontrarte ante una fortaleza.
De vuelta a la PLAZA DE LACOMEDIA auténtico punto neurálgico de la ciudad y uno de los espacios peatonales mas amplios de Europa, cabe destacar en el centro de la misma la escultura creada por Etienne d’Antonie en 1773 llamada la FUENTE DE LAS TRES GRACIAS (Aglaya, Eufrósine y Talía) y que es el emblema de la ciudad.
Terminada esta pequeña visita, cena en nuestro restaurante preferido L’ENTRECÔTE y vuelta al hotel pues mañana nos tocaba de nuevo recorrer 800 kilómetros hasta rasburgo.