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            El Viaje




La empinada y serpenteante carretera en dirección a Groti particularmente me parece mucho más bella que la famosa de los trolls. De pendiente y estrechez como esta última, posee el encanto de tener más cascadas y el paisaje esta salpicado por pequeñas casitas típicas y solitarias, aparte de poder observar con toda su belleza el fiordo.
En la cumbre según íbamos avanzando nos encontramos en medio de la nada, ningun tipo de circulación, silencio absoluto, pequeñas lagunas y cumbres con neveros permanentes y para ensalzar un poco más lo fantasmagórico del entorno, empezó a caer una fina y fria lluvia que nos acompañó durante bastantes kilómetros.
LLegamos a Oslo después de hacer un alto en el camino para comernos unos bocadillos en una pequeña area de descanso. La entrada en la ciudad fué caótica despues de estar acostumbrado a conducir por carreteras sin apenas circulación. A pesar de llevar el GPS que me iba dando las órdenes precisas me perdí, tome una salida de las muchas que hay que no era la correcta. Menos mal que el GPS se volvió a orientar y por fin llegamos al Hotel Soria Moria reservado en Booking.com en el mes de junio y a mun precio de 126.73 euros en habitación triple con desayuno.
El hotel, para mi gusto el mejor de todo este viaje, esta situado en la cima de una loma llamada Holmenhollen , a escasos minutos del trampolin de saltos del mismo nombre y a unos 10 kms. del centro.
Generalmente está destinado a convenciones y congresos, pero si se tiene suerte pues hacer tu reserva. Rodeado de un inmenso bosque, se tienen unas vistas inmejorables de los alrededores de Oslo.
Caida ya casi la noche nos decidimos por ir a cenar a uno de los restaurantes recomendados en un folleto informativo que encontramos en la habitación editado en español. El lugar en cuestion fué Lofoten Fiskerestaurant situado frente al puerto deportivo. La cena consistió en 2 coca-colas, 5 cervezas, una fuente de mejillones con salsa de queso (excesivo sabor a este último), un especie de torre con dos fuentes conteniendo 2 ostras, una pequeña cigala cortada a la mitad, unos cuantos gambones cocidos e insipidos y más mejillones, de postre dos cappuccinos. El precio pagado 209 euros (1.717 coronas). Completamente abusivo en relación con la calidad, y para colmo tuvimos que esperar para sentarnos cerca de media hora.
Por desgracia en todos los sitios hay salvajes y Oslo no iba a ser una excepción. Para ir a cenar, dejamos el coche aparcado en un parking público después de haber pagado religiosamente dos horas y media de estancia y supuestamente vigilado. A la vuelta del restaurante ya de por si un poco indignados con la cena, nos encontramos que nos habían roto la ventanilla trasera derecha, no sabemos si intentaron robar o fué un poco de mala idea al ver un coche con matrícula extranjera, el caso es que no nos faltaba nada.
Después de llamar a nuestra compañía de seguros para explicarles el caso, estos nos indicaron que hasta la mañana siguiente no se podía hacer nada porque no existía algún taller que estuviese de guardia. Con un gran cabreo y jurando en arameo no dirigimos al hotel para que por lo menos nos diesen algún plastico o cosa parecida y celofan para por lo menos paliar un poco el desperfecto. No sólo nos dieron esto sino que además de dejarnos aparcar el coche a la puerta del hotel y estar un poco vigilado, nos facilitaron el impreso de la denuncia que obtuvieron através de internet, no obstante como estaba escrito en noruego el mismo señor de recepción fué traduciendo a Rodrigo lo que ponía al inglés y asi poder rellenarlo y llevarlo a la mañana siguiente a la comisaría correspondiente.