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            El Viaje




Nuestra estancia en este pueblo sería de dos noches e hicimos la reserva en el Hotel Geiranger con bastante anticipación en Booking.com.
El hotel se encuentra situado a orillas del fiordo, habitaciones espaciosas y limpias, excelente recepción y buen buffet de desayuno. Muy recomendable pero difícil conseguir reserva en cualquier época del año, nosotros tuvimos mucha suerte. El importe satisfecho por las dos noches y los desayunos correspondientes fué de 363.72 euros.
Durante una parte del trayecto de Trondheim a Andalsnes, la E136 discurre por un gran desfiladero bordeando un río con un paisaje grandioso, grandes paredes verticales y al fondo las cumbres de las montañas nevadas.
Ändalsnes está considerada como la puerta de acceso septentrional a los fiordos occidentales. En su magnífico puerto rara es la ocasión en la que no se vea un gran crucero atracado. Aunque el pueblo en sí no posee ningún encanto como tal, las vistas desde aquí son espectaculares. Después de comer en un restaurante italiano llamado Mamma Mia, situado en la calle trasera a la paralela del puerto nos dirigimos a las afueras con objeto de hacer algunas compras en un supermecado y a repostar gasoleo. A partir de aquí nos esperaba una fuerte subida por la Carretera de los Trolls, hasta Geiranger y no sabíamos si nos ibamos a encontrar con alguna estación de servicio.
Comenzamos la ascensión haciendo una parada en una pequeña area de descanso para observar el paisaje y el serpenteo de la carretera (12% de pendiente) hasta llegar al nacimiento de la gran cascada.
En la subida más o menos a mitad de camino, existe un pequeño mirador desde donde poder fotografiar la Cascada de Stigfossen con sus 180 metros de altura.
En la cumbre se puede llegar hasta un pequeño mirador y contemplar desde el mismo la impresionante vista del valle y de vuelta entretenerse en mirar las sucesivas tiendas de souvenirs existentes.
Continuamos nuestro camino y después de coger el ferry desde Linge a Eisdal comenzamos a subir un pequeño puerto para luego descender por Ornevegen o carretera del águila. Durante este trayecto y al doblar una curva se tiene la primera y extraordinaria visión del Geirangerfjorden o fiordo de Geiranger. A pesar de la llovizna el paisaje era inmenso.
Como casi durante todo el viaje la suerte nos acompañaba. La mañana siguiente lucía un sol espléndido con pequeñas nubes blancas que hacían que el paisaje resultase más hermoso.
Asomados en el pequeño muelle observamos que un gran crucero iba surcando las aguas hasta fondear allí mismo. Los turistas que llegaban en aquel crucero fueron bajando poco a poco y trasladados a tierra firme mediante lanchas. La tranquilidad se había acabado en el pueblo.
La noche anterior habíamos pensado dejar el coche aparcado en el hotel y hacer una de las travesías recomendadas por el fiordo. La única que se pod&iacuye;a hacer en esta época era una al cercano pueblo de Eidsdal, de apenas 45 minutos de duración pero suficiente para darte cuenta de lo que es un fiordo desde el agua.
Una vez embarcados y antes de que partiese en ferry, un autobús de Japoneses o Chinos (no los distingo) hizo su aparición e inmediatamente sacaron a relucir su mala educación que hemos observado en nuestros disitintos viajes. No solamente se apoderaron de cuantas sillas pillasen sin preocuparse si estaban ocupadas, sino que para mayor fastidio para los demás pasajeros sacaron a relucir sus hermosos paraguas, con lo que las vistas que puedan tener del paisaje se quedan bastante reducidas. Lo malo de esto es que como no suelen ir dos o tres sino que se pueden juntar 50 ó 100, apenas queda sitio para observar y poder sacar fotografías.
Durante la tranquila travesía se pueden observar alquerías abandonadas, preciosas y diversas cascadas como la de Storseter con apenas agua en esta época del año y sobre todo la fuerza del mar que ha ido erosionando las montañas hasta infiltrarse en tierra firme através de profundas gargantas. Los 25 euros que cuesta el paseo de ida y vuelta, merece la pena plenamente.
El pequeño y desparramado pueblo de Eidsdal apenas ofrece nada turísticamente hablando pero sí paisajísticamente. Está enclavado en un extremo del fiordo, rodeado de hermosas montañas con una preciosa cascada en el centro del pueblo. Es recomendable si el clima lo permite darse una vuelta y sentarse en una terraza a tomarse una cerveza y coger el próximo ferry de vuelta.
Después de haber comido en un pequeño restaurante de Geiranger, decidimos subir carretera arriba a ver si podiamos ver la célebre piedra que hace de mirador y que aparece en cualquier folleto o postal de este pueblo. La mencionada piedra hoy en día con proteción así como la mejor vista del fiordo se obtienen desde el mirador de Flydalsjuvet a unos 5 kms del pueblo. Lo que no pude obtener es el angulo perfecto para sacar la fotografía al promontorio como hubiese deseado. De cualquier forma es esplédido.