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            El Viaje




Como se ha dicho anteriormente tomamos la E-10 hasta Överkali para desde allí continuar por la 392 dirección a Pajala. Sabíamos que estábamos próximos a atravesar la linea imaginaria del Círculo Polar Ártico, cosa que sucedió a los 20 ó 25 kms. de Överkali. A diferencia de otros sitios que hemos estado, donde se atraviesa esta ínea y en los se ha montado un verdadero circo de tiendas de regalo, este punto se encuentra totalmente abandonado. La soledad es inmensa y el silencio absoluto, solamente existen unas cuantas cabañas en estado de semiruina y una pequeña granja. La sensación que tuvimos fué de una enorme alegría, habiamos llegado hasta este punto por nuestros propios medios.
Por fin llegamos al complejo de RCI que teníamos asignado "Holliday Club Ylläs". Como de costumbre fuimos a la recepción a coger las llaves y nos dirigimos a la cabaña que nos habían asignado. Como era sábado por la tarde el supermecado, existente estaba cerrado y nos tuvimos que conformar para la cena con un poco de pan congelado y embutido comprado en el "Kioski" existente a la entrada del pueblo. Se trata de una pequeña tienda en la que se pueden conseguir algunos alimentos y bebidas no alcohólicas a un precio bastante elevado. Pero menos es nada.
La cabaña en cuestión era una sola dividida por la mitad. En la planta baja se encuentra el dormitorio principal, el WC, la sauna, el salón con chimenea y televisión, la cocina y el habitáculo de la impresionante secadora y en la planta superior una especie de otro salón con televisión, un tresillo y unas colchonetas a tipo de camas.
Tan sólo un inconveniente, en lugar de la sauna que no dudamos de su utilidad, hubiesemos preferido otro WC para un caso de apuro. Es incompresible que la ducha situada frente al innodoro no tenga mampara, es decir que si alguien se está duchando y otro quiere orinar es misión imposible ya que terminaría empapado por el agua del que se está duchando.
Sin duda alguna la iglesia de este pueblo constituye una de las construcciones eclesiásticas más extrañas o singulares de las que hemos visto hasta el momento, poseyendo además la singularidad respecto a otras vistas en Finlandia que no tiene adosado a uno de los laterales el cementerio pareciendo un silo.
Durante los 11 días que estuvimos aquí tuvimos la visita diaria de nuestros amigos las ardillas y los renos, sobre todo las primeras a las que acostumbramos a dejarlas en la terraza comida, pan, pistachos y galletas redondas Fontaneda.
Es digno de ver como con estas galletas se las apañaban para girarlas con sus pequeñas patas hasta encontrar el borde y empezarlas a comer.
En los renos es curioso el observar su desgarbado caminar y su inmensa tranquilidad. Su parsimonia llega a límites exagerados. Te puedes encontrar en el medio de la carretera con un solitario o con un pequeño rebaño, de cualquier manera no se quitaran hasta que no lo consideren oportuno. Puedes hacer sonar la bocina, hacer ruidos o lo que se quiera que no se irán, excepto los más jóvenes que al no estar acostumbrados a los vehículos salen corriendo.
El pueblo como el complejo están situados a las orillas de un precioso lago. Uno más de los 184.000 que tiene Finlandia. En el mismo se puede pescar (con permiso), pasear con una canoa o bordearlo andando por una senda bien señalada.
En los días que no nos fuimos a ver algún otro pueblo nos dedicamos a dar espléndidos paseos, nosotros andando y Rodrigo en bicicleta (alquilada en la recepción por 58 euros diez días. De hecho cuando nos hacía falta algo del supermecado y no nos apetecía andar o coger el coche, el era quien iba en bicileta para la compra. A el le servía de entretenimiento y a la vez hacía algo de ejercicio ya que entre ir y volver eran unos 6 kms.