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            El Viaje




Desde Nimes partimos hacia Ginebra donde teníamos reservado el siguiente hotel. Iban a ser 450 kilómetros de magnífica carretera, pero ya nos encontrábamos en plenos Alpes por lo que la sinuosidad de la misma en el tramo final fué bastante acusada.
En estos años los GPS en los coches aún ni existía y si por casualidad alguno lo tenía al igual que los exteriores era a un precio desorbitado, por lo que nosotros todavía nos manejabamos con los mapas de toda la vida, pero esto también tenía el precio elevado de la equivocación cosa que nos pasó durante todo el viaje.
Al llegar a las afueras de Ginebra e intentar encontrar el hotel, nos encontramos sin saber como en puesto con guardias que nos pidieron no me acuerdo cuantos francos suizos por entrar al pais o la ciudad, no se muy bien a que se referían pero nos quedamos bastante perplejos y por señas tratábamos de indicarles que no queríamos pasar, que lo que deseábamos era econtrar el dichoso hotel. No se cuanto tiempo estuvimos en este menester hasta que uno de ellos acudió al ver la matrícula y en un español muy correcto nos indicó que el pago era una tasa por usar las pocas autopistas o autovias de ese pais, pero que para ir al hotel no era necesario indicándonos como llegar hasta el.
Por fin en el hotel y a la hora justa para poder cenar algo en el mismo, ducha y a la cama. A la mañana siguiente antes de partir preguntamos en recepción como poder evitar pagar la tasa que nos exigieron el dia anterior y tuvimos suerte. Nos dijeron que era muy sencillo entrar en Ginebra sin pagar y que no éramos los únicos que lo preguntaban. Efectivamente solo había que seguir la calle del hotel hasta llegar a orillas del lago y que una vez alli ya era cuestión de suerte y que no nos parasen en carretera como afortunadamente no ocurrió.
Nuestro siguiente destino era Linz donde haríamos noche para continuar al día siguiente hasta Budapest. Circulando por la carretera que bordea el Lago Leman nos apeteció parar un poco y ver el paisaje que nos rodeaba con los Alpes cono telón de fondo aunque la bruma aun no se había disipado. Fue en ese lugar donde se me vino a la cabeza el cumplir un deseo que llevaba casi veinte años tras de conseguirlo como era visitar Interlaken aunque ello nos llevara un desvio de mas de 100 kilómetros, pero creia que es de esas cosas que o las haces cuando tienes la oportunidad o quizás nunca las llevarás a cabo.
La llegada a Interlaken fue decepcionante, las obras en la carretera no te dejaban apenas la libertad de visitar algo de esta ciudad todad vez que si no lo conocieras, siempre acababas en el mismo lugar. Visto lo visto continuamos unos kilómetros más hasta encontrarnos con un desvio a la izquierda que parecía que pudiesemos entrar en algunos de aquellos valles como asi ocurrió. Después de algunos kilómetros serpenteantes con la figura del Jungfrau llegamos a Lautterbrunnen. encantador pueblo suizo. En primer lugar señalar que la vista en conjunto es una de las mas bonitas que hemos visto en los Alpes, es como sacada de un cuento pero quizás demasiada masificada.
Una vez que bajas del coche, no puedes por menos que girar la cabeza para ver de donde procede un ruido bastante llamativo de agua. Se trata de la Cascada Staubbachfall, una de las 72 que existen en este lugar, con una caída libre de unos 300 metros, lo que hace que sea una de las más altas de Europa. Una lástima que el tiempo nos apremiara y no pudiéramos coger el tren que sube hasta la plataforma más alta igualmente de Europa en el pico Jungfrau uno de los mas peligrosos y conocidos por los escaladores con sus 4.158 metros de altitud. Una visita de las que difícilmente por desgracia podremos repetir, dejándonos un grato recuerdo.
Partimos de Lauterbrunnen más o menos al mediodía y aún nos faltaban segun el mapa unos 700 kilómetros hasta llegar al hotel de Linz, en los que empleamos mas de 12 horas porque a partir de aqui la climatolog&iacue;a se volvió adversa con una lluvia intensa que unido a las obras en las carreteras austriacas que no nos abandonaban. Llegamos al hotel de Linz pasadas las doce de la noche con el único alimento de un sandwinch que tomamos a las afueras de Salzburgo, pero estábamos tan cansados que ni nos apetecía comer nada. Al día siguiente nos esperaban 450 kilómetros has Budapest.