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            El Viaje




Habíamos quedado el día anterior a las nueve de la mañana enla recepción para comenzar la excursión que nos llevaria a tomar un primer contacto con la ciudad. Conforme íbamos sentados en el autobus atendiendo las explicaciones de la guía, cada uno de nosotros tenía el sexto sentido puesto en memorizar las calles por donde pasábamos desde que abandonamos el complejo, fijarnos en los más mínimos detalles para cuando fuesemos con nuestro coche saber ir y volver sin perdernos.
La visita que tenímos concertada cubría solo el trayecto de ida y vuelta con las explicaciones, consejos etc. para ver Budapest y una excursión en barco por el Danubio donde nos desembarcarían en la Isla Margarita y dejarnos e la misma unas tres horas a nuestro aire para recogernos posteriormente.
La Isla Margarita tiene una extensión aproximada de 2,5 kilómetros de largo por 500 metros de ancho, siendo en la actualidad el mayor parque de la ciudad conocidad en la antiguedad como Isla de los Conejos aunque paradójicamente nunca se les ha visto por aquí.
Recién llegas a la isla, lo primero que salta a la vista es la llamada Torre del Agua considerada como el simbolo de la isla. Construida en 1911 en hormigón armado y planta octogonal, tiene una altura de 57 metros con un mirador situado a 27 metros. En su base se ubica un resaurante y la Torre como tal se emplea como sala de exposiciones.
Dejando aparte los jardines, la piscina, y los senderos entre Árboles frondosos, lo que más nos llamó la atención fueron las Ruinas del Convento de las Dominicas, ordenado construir por el rey Bela IV. Según la leyenda, el citado rey hizo al aproximarse la invasión turca en el siglo XIII, hizo el juramento de que si vencía a los turcos prometería una de sus hijas a Dios. Como quiera los turcos no lograron su objetivo, el rey ordenó construir un convento de la Orden religiosa de las Dominicas para que su hija preferida llamada Margarita ingresase en el mismo, llevando la misma una vida dedicada a los pobres y enfermos por lo que a su muerte en 1271 fué beatificada para después ser canonizada por el Papa Pio XII en 1943. Desde entonces la isla lleva su nombre. En la fotografía su tumba a pocos metros del convento.
Cuando nos dimos cuenta, el tiempo que teníamos para visitar la isla se estaba terminando por lo que tuvimos que ir al punto concertado para reanudar la segunda parte del minicrucero y volver a comer al resort.
La mañana siguiente amanecióo con buena temperatura pero con el cielo bastante cubierto y amenazaba lluvia, por lo que no era cuestión de hacer visitas exteriores pateando la ciudad asi que decidimos ir al Balneario Gellert. Ubicado en el hotel del mismo nombre, constituye sin lugar a dudas uno de los lugares más turísticos y el balneario más conocido de Budapest aunque no el mejor y quizás no merezca la fama que tiene.
Para empezar nos dieron una cabina única y pequeña para cambiarnos los tres, por lo que teníamos que espera a que saliese uno para entrar otro. Los suelos a causa del vaho y del agua que chorreamos los bañistas están desagradables y extremadamente resbaladizos, yo me caí dos veces. A pesar de que está prohibido las zapatillas normales por higiene, el socorrista o la persona de mantenimiento se paseaba con unas a lo largo y ancho de las instalaciones.
A su favor está el marco incomparable de la piscina. Paredes cubiertas de mosáicos y unas grandes columnas lo hacen realmente bello. La piscina principal es de agua fría, existiendo otra más pequeña con agua realmente cálida que fué a la que accedí a meterme. Al fondo existen dos puertas que conducen a la termas, una para mujeres y otra para hombres con saunas, baños de vapor y masajes previo pago a la entrada. Recomiendo su visita aunque sólo sea por ver el recinto.
A la salida del balneario cogimos el coche y como era la hora de comer había que buscar un lugar para ello. Después de bastantes vueltas y conseguir aparcar cerca de la Iglesia de San Esteban, por fin encontramos un restaurante que tenía buena pinta que se llamaba Box Utca, precio muy razonable y menu bastante bueno por lo que se convirtió en el lugar donde íbamos a comer casi todos los dís. Lamentablemente me he enterado que ha cerrado.
Desde aquí una vez terminado de comer y como con la tarde parecía que había mejorado el tiempo, dejamos aparcado el coche y nos encaminamos a la Plaza de los Héroes a unos dos kilómetros y medio de allí. La verdad es que aunque estes harto de ver el lugar en fotografías cuando ya te encuentras en persona en el medio de aquello, realmente te sientes muy pequeño por la amplitud que tiene la plaza.
Dentro de este inmenso espacio y en el centro de la misma, se encuentra el Monumento del Milenio del que generalmente nunca se habla por dejarnos llevar por todo lo que le rodea. Se trata de un conjunto que está compuesto por una gran losa funeraria que no tumba, rodeada por una cadena y con la inscripción HOSEINK EMLEKERE que traducido quiere decir "En memoria de nuestros héroes". Inmediatamente detrás de esto, se encuentra una gran columna culminada por la estatua del Arcángel Gabriel que en su mano derecha mantiene la Santa Corona de San Esteban, rey de Hungría, y en la izquierda una Doble Cruz Apostólica. En el pie de esta columna se encuentran las figuras de los Siete Jefes de las siete tribus que fundaron Hungría en el siglo IX. En la parte delantera se encuentra Ápád que se considera el verdadero fundador de la nacíón y detrás de él, las figuras de los líderes Elöd, Ond, Kond, Tas, Huba y Töhötöm. El mencionado monumento se empezó a construir en el 1896 coincidiendo con el milenio de la fundación, pero no se terminó hasta el 1900. Detrás de esto nos encontramos con dos Columnatas semicirculares simétricas con diversos héroes húngaros.
En un lateral de esta plaza podemos ver el edificio del Museo de Bellas Artes de estilo neoclásico construido entre 1900 y 1906 bajo la direción de Albert Schickedand y Fülöp Herzog.
Con esta visita terminamos el día bastante cansados pero había merecido la pena