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            El Viaje




Partimos de Linz sin pena ni gloria toda vez que por la mañana continuaba lloviendo y aunque hubiésemos querido conocer aunque solo un poco de esta ciudad era imposible. La carretera hasta la frontera con Hungría de 435 kilómetros, era toda autovía pero en continuas obras que solo dejaban un solo carril por sentido y encima estrechos, menos mal que dejó de llover unos kiló:metros antes de la frontera y se quedó una mañana realmente espléndida.
Ya en elpuesto fronterizo la caravana de coches era bastante importante, por un lado antes tenías que dejar el coche aparcado, dirigirte a una caseta donde te venden a un precio bastante asequible, la VIÑETA que no es otra cosa que una pegatina para el cristal que te habilita poder utilizar las autopistas sin pagar. Una vez obtenida y puesta tienes que que ponerte a la cola para que la policia te revise la documentación tanto de las personas como la del coche, generalmente suelen extenderse más en este menester con los coches de la europa mas oriental y con los italianos, hago este comentario porque en las cuatro veces que hemos pasado la fontera húngara hemos observado lo citado, mientras que a nosotros con solo eneseñar el DNI era suficiente.
Ya en territorio húgaro con una autopista inmejorable paramos a comer en un chiringuito que vimos, donde por supuesto degustamos algunos platos típicos y a un precio inmejorable. Continuamos hacia Budapest donde llegariamos cerca de las cuatro de la tarde cuando más tráfico y vispera de la fiesta nacional de Hungría. Tratando de encontrar nuestro destino el Petnehazy Club Hotel pasaron facilmente cerca de dos horas con calles cortadas y policias que te obligaban a ir en una dirección en la que al cabo de unas cuantas vueltas, acababas en el mismo sitio y con el mismo policia que por cierto no nos hizo ni el más mínimo caso, tan pronto estábamos en Buda como en Pest pasando el Danubio unas cuantas veces.
La desesperación iba haciendo mella y la impotencia iba creciendo hasta que por una de esas casualidades que se dan, econtramos a una joven pareja que estaban bajando algunos bultos de su coche, me acerque a ellos y enseñándoles las instrucciones que nos había mandado el RCI. No se si porque vieron la cara de angustia de los tres o porque realmente eran buenas personas, me indicaron que les siguiese que nos llevarían hasta nuestro destino. Dicho y hecho, no pasó más de diez minutos cuando nos dejaron a las puertas del resort, sin apenas darnos tiempo para expresarles nuestras más profundas gracias. Por muchos años que pasen siempre les recordaré.
Recepción y asignación de la cabaña que nos correspondía dentro del un complejo que aparte del espacio dedicado a las Cabañas una más espaciosas que otras, tenía un hotel, piscina cubierta, pistas de tenis, salas de juego, de reuniones etc., es decir un verdadero espacio para que si se quiere pasar siete días sin salir de allí, aunque eso no era nuestra idea.
Al registrarnos nos propusieron hacer una excursión guiada desde el resort hasta la ciudad y un pequeño paseo en barco por el Danubio. Siempre hasta ese día nos habíamos negado a hacer este tipo de actividad, pero viendo lo que nos sucedió a la llegada, optamos por hacerla y así fijarnos en el recorrido para ir después los dias restantes en nuestro coche.
Estábamos realmente destrozados los tres, no tanto por el kilometraje sino por el estrés pasado en nuestro afán de encontrar nuestro destino. Compra de pan y embutido en el supermecado existente para cenar y directamente a la cama puesto que la excursón a la mañana siguiente era a las nueve.